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La epidemia que no lo era (y II)

sábado, agosto 1st, 2020

(Este artículo es continuación del publicado el 8 de Julio en el Diario Menorca, sobre la incidencia del escorbuto en el asedio del castillo de San Felipe en 1781-82.)

Las cifras las recogió el capellán castrense Lindemann, quien periódicamente enviaba sus crónicas al diario de Hamburgo, conformando una preciosa documentación cuya primera edición traducida del alemán se agotó y cuya lectura recomiendo gracias a la nueva edición a punto de salir ya.

En esas crónicas recogió el día a día de lo que allí acontecía y que así ha podido llegar a nosotros con la frescura de la crónica periodística.

Cuando finalizado el asedio rendida la plaza, y salidos de allí los sitiados tiene ocasión de ver, oír y preguntar nos recoge, como crónica periodística fresca, que entre los sitiadores ha habido 600 heridos (en otro lugar dice que pudieron ser menos) pero que de todos ellos, solo uno salvó la vida , lo que nos refleja la alta mortalidad en aquel entonces de las heridas de guerra.

En el bando contrario, el de los sitiados, si bien el mismo capellán Lindemann cultiva su propio huerto con judías y habas, y además periódicamente llegan algunos barcos (pequeños) que burlan el asedio y entran en la Cala San Esteban , aportando algunos alimentos frescos, e incluso voluntarios corsos mercenarios, lo cierto es que en su precioso Diario del Asedio ya describe el día 13 de diciembre que ha aparecido escorbuto y se extiende sigilosamente y aunque “ la gente parece desconocer esa enfermedad” , ya desde esa fecha casi diariamente anota escorbuto y los crecientes estragos que hacen mella en todo el personal de allá adentro.

De una guarnición completa el 19 de agosto, antes del asedio de 2636 hombres anota el día 5 de febrero como enfermos, 1327 cuando empiezan las negociaciones para la capitulación, además de 147 heridos , 95 bajas en combate (suponemos fallecidos en combate) y otros 107 como bajas por enfermedad .

Ya cuando salieron del castillo tras el acuerdo de rendición honrosa y se trasladó el grueso de las habitantes del castillo, hombres y mujeres , andando hasta Alayor donde se alojarían hasta su evacuación a puertos ingleses, cuando salieron por su propio pie, el día 12 de febrero, o sea siete días mas tarde había 560 “infectados por escorbuto”, habiendo muerto por ese escorbuto otros 65 en el hospital entre el 6 de enero y esa fecha de salida del castillo.

Esta claro que los asediados habían entrado ya en una clara avitaminosis C, el escorbuto, que se tenía como enfermedad infecciosa, que se contagiaba en cifras crecientes de afectados y que solo cabía esperar que acabará afectando a toda la población asediada. Era cuestión de unas pocas semanas más, y no es raro que un par de desertores avisaran al duque de Crillón del mal estado de las cosas allí y que este último llegara a ofrecer una cantidad o soborno para capitular sin esperar a mayores derramamientos de sangre. Porque en su bando, expedicionario también iban mal las cosas. Cuando se trataba de asistir heridos y mas aun con la enfermedad que anota Lindemann con vómitos e intolerancia a alimentos que padecía un parte importante de mismas. En sus hospitales tenían 2000 enfermos, la mayoría por problemas digestivos.

Una década después, el médico de la Marina inglesa, Lindt, ya había publicado los resultados de sus experiencias con las dietas, y el escorbuto desapareció a bordo de la Royal Navy en menos de dos años..

Haciendo abstracción de las investigaciones en archivos con lo que encontró mi admirado historiados Dr. Terrón, no me cabe duda de que con unos cuantos limoneros mas y la mantequilla guardada mas a resguardo en las galerías, el asedio hubiera durado mucho mas, (hasta junio preveían los desembarcados hispano franceses) y ello juntamente con el ritmo de bajas y enfermedades entre los asediadores, quien sabe si hubieran tenido que reembarcar.

Lo previno Lindemann en su penúltima página al afirmar”… Gibraltar también peligra si no se consigue prevenir el escorbuto…”.

Porque los asediados tenían buen acumulo de pólvora y balas, y encima amontonaban las que recibían y que no estallaban si eran bombas . Y otros alimentos también los tenían, pero sin vitaminas

Ciertamente el escorbuto fue una arma, como lo fue el paludismo entre los sitiadores de aquella inmensa flota inglesa al mando de Vernon, el que ordenó añadir agua al ron, cuando intentó y fracasó en su intento de la toma de Cartagena de Indias, tan acertadamente mantenida por nuestro “medio hombre “ Blas de Lezo …

No era una epidemia pero se extendía como si lo fuera y podía llegar a ser mortal al cien por cien. Todo era cuestión de meses de no llegar a puerto o al huerto fresco.

Miguel Timoner Vidal.

Médico