Placas turcas

También llamadas tazas turcas. Ancestral sistema higiénico oriental sustituido por los modernos inodoros de asiento. En sus versiones más primitivas, vertían directamente a un pozo negro, donde de vez en cuando se echaba cal viva para desinfectar. Los actuales están dotados de sifón, lo que ahorra olores desagradables. No hace falta que le explique más al lector inteligente.

El sistema sanitario del Hospital de la Isla del Rey se apoyaba claramente en el uso de estas placas turcas que se concentraban en “llocs comun´s”, lugares comunes o baterías de ocho o diez de ellas, en cuatro puntos bien conocidos: dos anexos al edificio Lángara, hoy en fase de transformación en Centro de Arte, la tercera frente a la actual Capilla Anglicana y la cuarta en el primer piso del edificio histórico en su ángulo noroeste, con fácil salida a un sumidero que vertía directamente al mar.

Hemos conservado el máximo de estos elementos luchando con las nuevas corrientes de diseñadores y arquitectos que no han conocido más sistemas que los modernos sanitarios. Y creo que nos equivocamos: el sistema procedente de Oriente reúne muy buenas condiciones, no solo higiénicas sino también posturales, para no ser abandonados. Por ello siempre he propuesto un sistema mixto, por dos razones: el recuerdo del sistema utilizado en el Hospital y un futuro incierto respecto a medidas sanitarias, más dirigidas a prevenir contagios que a comodidades.

Curiosamente junto a una de las baterías del –no me atrevo a llamarles inodoros- Lángara, creció una bella y robusta higuera. Tan bella, que los diseñadores de la reforma del edificio le concedieron un especial protagonismo: el patio de distribución se abrió frente a ella y un enorme ventanal permitirá verla en todo su esplendor. Es un ejemplo de cómo la naturaleza supo agradecer las aportaciones del hombre, devolviéndole en frutos sus individuales deposiciones.

Ciclo cerrado. Como el que cada primavera nos ofrece la “rapa mosquera”, que dotada de un mal oliente falo, atrae y atrapa a las moscas que se convierten en delicioso alimento para las lagartijas, las que a su vez defecando –sin necesidad de placas turcas- siembran las semillas para la siguiente estación. Mismo ciclo prácticamente que el del hombre y la higuera.

Y remontándome al “sistema utilizado en el Hospital” tenemos otro testimonio bien determinado. Lo constituyen dos piezas de piedra viva con la forma de las tazas turcas, con una característica importante: una parece apropiada para uso de varones y la otra para mujeres. Las encontramos en 2004 en lo que quedaba de muelle, a punto de ser extraídas, como parte más del expolio de la Isla. Entendimos que su peso, imposibilitó su carga y traslado en barca. Así se salvaron.

Escribiendo esta sencilla crónica no puedo decir más porque sencillamente no lo sabemos: ¿Son de procedencia paleocristiana? ¿Inglesa? ¿Francesa y vinieron de Marsella junto a las ruedas de molino? ¿La piedra en que están labradas es de Menorca?.¡Ya tienen los sabios –Peter Engel, Joana, Borja, Carlos, Simón -materia en que discurrir y darnos luz!.

Mientras, por historia y por futuro, seguimos peleando para que no desparezcan totalmente de la vida del viejo hospital inglés de la Isla del Rey, las tazas turcas.

Luis Alejandre Sintes

Voluntario

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