Archive for marzo, 2020

Reviviendo el legado Flaquer

viernes, marzo 20th, 2020

Son muchas las circunstancias que nos unían al Notario D. Juan Flaquer (Mahón 1877-Madrid 1963), algunas personales por vecindad o por amistades de nuestros padres y abuelos, pero las más recientes, las relacionadas con María Luisa Serra y sus trabajos sobre la Basílica Paleocristiana de la Isla del Rey , sobre los que nuestra Fundación siempre ha querido dejar testimonio. De hecho con el apoyo de la familia, María Luisa está  presente entre nosotros representada por un bello busto del escultor Ramon Cuello mirando a la bocana del Puerto, a este mar de civilizaciones que fue y es nuestro Mediterráneo. A  la vez  su familia, nos cedía su despacho y algunos objetos personales como su máquina de escribir.

No debe extrañar entonces  que cuando  Luis Ydoate Flaquer, nieto de nuestro Notario tuvo que deshacerse del monumental legado de su abuelo, pensase también en la Isla del Rey y nos depositase su mesa de despacho y algunos objetos  personales como su bastón. Ahora  se han reunido en una magnífica exposición que ha organizado el Museo de Menorca, que recoge parte importante del legado depositado por la familia. Hablamos de más de tres mil piezas, entre ellas  los doscientos y pico  pequeños “vasos de fondo alto” parte del enigma de los cuatrocientos encontrados en la cueva de Sa Mola en Alaior y una valiosísima colección de monedas.

Primera valoración: el enorme altruismo de la familia, representada por Luis Ydoate. Fieles a la voluntad de su abuelo, superando –imagino-tentaciones, han querido que su legado permanezca, integro, entre nosotros.

Solicitada una visita guiada el mismo día de la inauguración de la exposición, acudimos el sábado 7 de Marzo una cincuentena de voluntarios de la Isla del Rey a la cita con Flaquer  y con quienes han realzado con enorme y apasionado trabajo de gran calidad, su legado.

Octavio Pons y Cris Bravo se encargaron de conducir los dos grupos en que habitualmente nos dividimos: españoles e ingleses. En la sombra sabíamos que estaban Montserrat Anglada y otros colaboradores bien coordinados por su directora Carolina Desel, una voluntaria nuestra que perdimos –y nos alegramos- al ser nombrada Directora del Museo.

Al valor de la información, aportaron nuestros guías el entusiasmo de la investigación, la satisfacción del trabajo realizado. Yo le llamaría vocación. En muchos sentidos recordaban la forma con que los guías en la Isla del Rey explican lo que hay en sus salas: porque lo han vivido partiendo de la nada.

Segunda valoración: en la función pública, cabe la vocación y el entusiasmo, con claro espíritu de servir a la sociedad. Hay muchos puntos de encuentro con el voluntariado, algo que debemos potenciar y valorar.

Nuestra sincera enhorabuena y nuestro agradecimiento a la familia Ydoate Flaquer y al gran equipo del Museo de Menorca.

Esta es la sociedad de la que debemos sentirnos orgullosos. Esta, que se apoya en trabajos multidisciplinares, que transmite cultura, que es generosa, que supera esta tentación innata nuestra de decir no a casi todo. ¡Gracias a todos!.  

Luis Alejandre Sintes

General (r)

Herencias y heráldicas en la Isla del Rey

jueves, marzo 12th, 2020

(Artículo publicado en el <<Diari Menorca>> el 19-2-2020)

Conocer las vicisitudes de menorquines emigrados a Argelia en el siglo XIX me ha transportado a las circunstancias en las que debían resolver problemas tan habituales en las familias como la aplicación de los testamentos o el seguimiento a distancia de los negocios. La documentación a la que he tenido acceso, que enriquece el fondo documental de la sala dedicada a las emigraciones, se inicia en 1845 y se extiende hasta 1873, un período que abarca los reinados de Isabel II y de Amadeo de Saboya.

Un hecho destacable es que en 1845, cuando todavía no se ha completado el control francés sobre Argelia (que no es total hasta 1857, aunque el país se considere parte integrante de Francia ya en 1848), ya existe una agencia comercial española en Argel, que de hecho actúa como representación consular en la que, por ejemplo, Antonia Vicens viuda de José Carreras da un «poder cumplido y amplio» a Luis Monjo, vecino de Mahón.

Ya como consulado general de España, en 1852 y con regularidad hasta el último documento de 1873, emite certificados de pagos, revocaciones de poderes, nuevos poderes, documentos en fin que reflejan, a parte de las decisiones de los emigrantes en relación con bienes ubicados en Menorca, una clara preocupación por el seguimiento de sus intereses en la isla. La correspondencia entre dos hermanos mahoneses, uno en Argel y el otro en Mahón, éste dotado de poderes diversos de menorquines residentes en Argel, proporciona esta sensación de distancia y ansiedad por que las herencias, las ventas de bienes, etc., se lleven a la práctica de modo satisfactorio.

Como es lógico, los documentos oficiales se emiten en papel oficial, dotado de toda la simbología y solemnidad que requieren. La observación de los escudos de España que sucesivamente aparecen en sus encabezamientos proporciona una visión histórica que resulta interesante vista hoy día, pudiéndose apreciar que la heráldica oficial refleja el curso de la historia de España y en cierta forma la herencia política de nuestro país.

Así, el primer escudo que podemos observar, el del documento de 1845, es un recargado escudo donde se recogen las armas de un conjunto de territorios que pueden verse como un árbol genealógico de la ya citada reina Isabel II, pues muchos de ellos ya estaban fuera de su poder soberano, como son Flandes, Brabante, Tirol, etc., pertenecientes a países totalmente desligados de España a la sazón. En cambio, faltan Navarra y Granada que, como es obvio, sí pertenecían a sus dominios. Por su parte, en los papeles del consulado general desaparecen en el escudo todos esos territorios ya extranjeros e incluso las armas del viejo reino de Aragón (digamos «las nuestras»), y siguen ausentes las de Navarra (las famosas cadenas), figurando en cambio las de Granada, que acompañan a las de Castilla y León y al escudo representativo de la Casa de Borbón reinante, con las flores de lis, superpuesto en el centro.

El mismo criterio puede observarse en los escudos que corresponden a la época de Amadeo de Saboya, que incorporan las conocidas columnas de Hércules con la leyenda «Plus Ultra», que como sabemos se refieren a la expansión ultramarina de España. El escudo central de la Casa de Saboya (una cruz de plata en campo de gules, que también aparece en ciertas banderas de Italia) sustituye al de la Casa de Borbón.

Oscar Sbert Lozano