Archive for noviembre, 2019

Un diógenes edificante

lunes, noviembre 18th, 2019

A la tendencia compulsiva de acumular trastos u objetos inútiles, hasta el extremo de recoger basura, ha recibido el nombre de síndrome de Diógenes, a pesar de este filósofo de la Antigua Grecia, predicó una vida austera y sin posesiones.

No siempre es fácil desprenderse de todos aquellos objetos que vamos adquiriendo a lo largo del tiempo que ya han perdido su utilidad o han envejecido. Y la mayoría de nosotros vamos conservando ropa, libros, artilugios, trastos que sabemos que no emplearemos nunca más, pero por si acaso … y vamos ocupando nuestro espacio doméstico de cantidad de cosas inútiles que estorban y que en el mejor de los casos hay que ordenar y limpiar.

Quién no ha experimentado nunca el pesar que provoca eliminar y tirar cantidad de objetos acumulados a lo largo de toda una vida para alguno de nuestros difuntos familiares? A la vez que pone en evidencia esta acumulación inútil.

Pues toda esta acumulación estéril en la isla del Rey adquiere un rango edificante y fructífero.

En la isla llegan cantidad de utensilios, herramientas, mobiliario, grabados, pinturas, libros, estampas, que ya habían adquirido la categoría de cachivaches o trastos, y que habían quedado arrinconadas en el desván, en los porches, o escondidas en armarios y cajoneras y de repente ganan aquí una nueva vida, vuelven a tener visibilidad y un nuevo sentido.

Una elegante y ordenada biblioteca ha creado raíz de donaciones procedentes de familiares desaparecidos.

Aquel orinal antiguo escondido detrás un porche, ahora en una sala de la isla adquiere un gran protagonismo, y todo aquel instrumental quirúrgico de un médico retirado o aquel antiguo aparato de rayos X que sólo estorbaba aquí vuelve a tener relevancia histórica.

Una maleta antigua llena de recuerdos pero ya condenada y fuera de la vista, ahora, aquí, en una de las salas transmite el coraje y la nostalgia de muchos emigrantes.

Todas aquellas lindas cajitas metálicas de colores diversos que nos da pena tirar, aquí en una vitrina en la sala de la farmacia, lucen el paso del tiempo.

Una rueda dentada, una biela, una manivela, una bomba, un gancho y una espiral infinita, oxidadas y desahuciadas, tras una larga y voluntaria dedicación para lavarles la cara, ahora forman parte de un collage estrambótico a mayor gloria del ingenio tecnológico.

Incluso un sentenciado ataúd de bronce, recupera un sentido último exhibida en la sala de autopsias.

Bueno, seguramente detrás del síndrome de Diógenes habría la determinación o convencimiento de que todo, incluso la inmundicia, siempre puede tener una última oportunidad, y sería una reacción a la tendencia omnipresente en la actualidad de usar y tirar, consumimos y tiramos, consumimos y tiramos, un derroche escandaloso e insostenible.

Incluso los mismos voluntarios y voluntarias de la isla del Rey, ya muchos de ellos retirados y envejecidos, estamos aquí haciendo un último servicio a la comunidad sin ánimo de lucro, siempre queda una última oportunidad. Aún no estorbamos.

Anton Soler i Ferrater

Voluntari Illa del Rei i metge retirat

UN DIÒGENES EDIFICANT (En Català)

A la tendència compulsiva d’acumular trastes o objectes inútils, fins a l’extrem de recollir fems, ha rebut el nom de síndrome de Diògenes, malgrat aquest filòsof de l’Antiga Grècia, va predicar una vida austera i sense possessions.

No sempre és fàcil desprendre’s de tots aquells objectes que anem adquirint al llarg del temps que ja han perdut la seva utilitat o han envellit. I la majoria de nosaltres anem conservant roba, llibres, artilugis, andròmines que sabem del cert que no emprerem mai més, però per si de cas…i anem ocupant el nostre espai domèstic de quantitat de coses inútils que fan nosa i que en el millor dels casos cal ordenar i netejar.

Qui no ha experimentat mai el greu que sap eliminar i llençar quantitat d’objectes acumulats al llarg de tota una vida per algun dels nostres difunts familiars? A la vegada que posa en evidència aquesta acumulació inútil.

Doncs tota aquesta acumulació esteril en l’illa del Rei adquireix un rang edificant i fructífer.

A l’illa arriben quantitat d’estris, eines, mobiliari, gravats, pintures, llibres, estampes, que ja havien adquirit la categoria d’andròmines o trastos, i que havien quedat arraconades en les golfes, en els porxos, o amagades en armaris i calaixeres i de repent guanyen aquí una nova vida, tornen a tenir visibilitat i un nou sentit.

Una elegant i ordenada biblioteca s’ha creat arrel de donacions procedents de familiars desapareguts.

Aquell orinal antic amagat darrera una porxada, ara en una sala de l’illa adquireix un gran protagonisme, i tot aquell instrumental quirùrgic d’un metge retirat o aquell antic aparell de raig X que només feia nosa aquí torna a tenir rellevància històrica.

Una maleta antiga plena de records però ja condenada i fora de la vista, ara, aquí, en una de les sales transmet el coratge i la nostàlgia de molts emigrants.

Totes aquelles polides capsetes metàl·liques de colors diversos que ens sap greu llençar, aquí en una vitrina en la sala de la farmacia, llueixen el pas del temps.

Una roda dentada, una biela, una manivela, una bomba, un ganxo i una espiral infinita, rovellades i desnonades, després d’una llarga i voluntària dedicació per rentar-les la cara, ara formen part d’un collage estrambòtic a major glòria de l’enginy tecnològic.

Fins i tot una sentenciada taüt de bronze, recupera un sentit últim exhibida en la sala d’autòpsies.

Bé, segurament darrera del síndrome de Diògenes hi hauria la determinació o convenciment de què tot, fins i tot la immundícia, sempre pot tenir una darrera oportunitat, i seria una reacció a la tendència omnipresent en l’actualitat d’usar i tirar, consumim i tirem, consumim i tirem, un malbaratament escandalós i insostenible.

Fins i tot els mateixos voluntaris i voluntàries de l’illa del Rei, ja molts d’ells retirats i envellits, som aquí fent un últim servei a la comunitat sense ànim de lucre, sempre hi queda una última oportunitat. Encara no fem nosa.

Santa Ponsa

martes, noviembre 5th, 2019

El colectivo que forman los voluntarios de la Isla del Rey, tiene como es fácil imaginar, un componente cultural importante que compagina con otros de carácter social o ecológico, presididos siempre por un respeto y cariño por Menorca en general y por el Puerto de Mahón en particular. Y yo destacaría una virtud bien asentada en el: no es un colectivo envidioso; nos alegramos del éxito de otros; nos unimos a ellos intentando hacer piña y reforzar lazos de cooperación que deberían conformar nuestra sociedad, hoy dividida y poco cohesionada.

Frecuentemente salimos de la Isla del Rey para conocer lo que se hace en otros lugares, para valorar otros esfuerzos, para comprobar que no somos ni mucho menos los únicos que aportamos algo. Este mismo domingo lo pudimos comprobar con los voluntarios de Vidalba y no hace dos semanas con las incansables de Alba.

Esta vez nos fuimos a Santa Ponsa, allá por el camino de Torre Solí en el término municipal de Alaior. La histórica finca, construida sobre una torre medieval, constituye una excelente muestra de la arquitectura agraria tradicional de la Isla. El “lloc” se ha convertido hoy en un prestigioso agroturismo, olvidando los años de abandono en que se encontraba antes de 2016. Allí nos aguardaba su directora Sonia Pons Vidal, menorquina por los cuatro costados, ausentes los promotores de la instalación Guillaume Foucher y Frédéric Biousse.

El lugar alberga una larga y bella historia desde los tiempos de pertenencia a la familia Taltavull, unos emprendedores menorquines que acometieron en nuestro puerto la labor de ir adaptando progresivamente la vela al motor. De ahí vino su interés por recuperar mascarones de proa característicos de los barcos de navegación a vela. Los actuales promotores han podido rescatar uno de ellos, perdidos o destruidos los otros por manos desconocedoras de la historia o poco sensibles a su procedencia.

La finca de 92 hectáreas, que desciende escalonada hacia el Barranco del Reloj es de una singular belleza y las canalizaciones de recogida de aguas aprovechando desniveles, extraordinarias. Todo se ha restaurarlo y puesto en valor por los promotores contando con técnicos –arquitecto y arqueólogo- menorquines. El resultado es excelente: 28 de sus hectáreas se dedican al cultivo de la vid, olivo y plantas aromáticas.

Quedaba en nuestro recuerdo la exposición que hicieron los promotores en el último Foro Isla del Rey celebrado en Agosto. Allí con valentía expusieron los problemas que tuvieron que sortear durante años debido a esta extraña interpretación que confunde proteger con prohibir. Esperamos que estas críticas no hayan caído en saco roto, asumiendo que ciertos personajes se vengarán –y este es el miedo de arquitectos, constructores y promotores- pero otros con sentido de la responsabilidad sabrán analizar el porqué de tanta demora, la inseguridad jurídica debida a tantos cambios legislativos y sabrán asumir las críticas positivas buscando soluciones.

Desde luego Santa Ponsa es un ejemplo de respeto a la naturaleza, homenaje a una agricultura con futuro, a la pared seca y al aprovechamiento de pluviales. No tengo la menor duda de que lo invertido -el gusto por lo bien hecho tiene un coste- dificilmente se compensará con beneficios inmediatos.

Todo pudimos comprobarlo la cincuentena larga de voluntarios de la Isla del Rey que la visitamos el pasado día 18. Y obligado es que valoremos y agradezcamos lo que personas –no necesariamente nacidas en la Isla- se esfuerzan por impulsar nuestra vida económica: 70 puestos de trabajo lo atestiguan.

Reconozco que Santa Ponsa nos produjo sana envidia. La que estimula, la que incentiva, la que valora el esfuerzo y el trabajo bien hecho; la que nos obliga a reconocer los méritos del otro.

Desde la Isla del Rey, les deseamos suerte.

Luis Alejandre Sintes

Presidente Fundación Hospital de la Isla del Rey