Viaje a Hannover

V

Rita Pabst que ha sido la cronista oficial de nuestro viaje a Hannover  llamó ”La pequeña gran aventura” (5 de Mayo) a su primer relato  y “Una calle  Port Mahón en Aerzen” (7 de Mayo) al segundo. Reflejaba fielmente lo vivido en la tierra en que nació y vivió sus primeros años, aquel joven capellán castrense de 26 años llamado Lindemann que un día  se embarcó con un batallón hannoveriano, rumbo a Port Mahón.

Aquel  pastor protestante, hijo de otro reconocido pastor de la iglesia de Aerzen, tuvo la impagable fuerza de relatar no solo el viaje en 1775 de aquellas 1.400 personas – soldados y sus familias – sino de describir día a día el sitio de San Felipe  (1781-1782) y dejar una descripción completa de Menorca en un tercer libro.

Salieron a la luz pública estas tres obras entre 2002 y 2007  gracias al esfuerzo de Lothar Pabst,  la capacidad investigadora de Wilfred Zhier y los conocimientos sobre Menorca de Tomás Vidal Bendito, bien arropados por el IME.

Recuperando su memoria, en el viaje ha estado presente Wilfred a sus 84 años, dos hijos de Lothar -_Joaquin y Rita – y  la viuda de Tomás, Rita Pons. Mejores testimonios no podíamos aportar, cuando también se apuntó al viaje Matías Rotters. No pudo acompañarnos finalmente el Cónsul de Alemania Klaus Briegel  debido a  fallecimiento de un familiar, pero si se había preocupado de concertar las entrevistas. Se incorporó  desde su residencia Suiza, Alfredo Fenollosa otro de nuestros voluntarios del exterior.

Debo resaltar un buen ambiente generalizado de visitantes y visitados, la comida en la propia sede del Ayuntamiento de Hannover, el acto en su Museo estatal, la primicia de haber encontrado en sus archivos una silueta de Lindemann y ver una copia de su partida de nacimiento, que por la tarde en la iglesia en que fue bautizado, verificamos en el propio Aerzen.

Nos esperaba Berlín. Y no decepcionó.  Rica en paseos, en parques y en museos, la capital de la reunificada Alemania nos arropó con buen tiempo y magnifico ambiente. A muchos de los expedicionarios les faltaron horas para ver tanto museo; a otros les sobraron kilómetros para recorrer a pie sus monumentos. La Embajada de España nos arropó y, sobre todo, facilitó una visita al Bundestag. Ante grandes colas de visitantes que guardaban turno para entrar, quince menorquines tuvieron el privilegio de entrar por la puerta Este y ser magníficamente guiados en todo el recorrido. Obligado era subir a la cúpula de cristal que diseñó Norman Foster para “transparentar” la Institución, acercar a diputados y pueblo. Tres millones de visitantes al año, certifican que lo consiguió.

Balance positivo. Si el actual pastor protestante de Aerzen reconocía honesto que hacía unas semanas no sabía quién era Lindemann ni conocía sus obras, hemos intentado que  nuestros ciudadanos también se pregunten y conozcan  porqué  una  céntrica calle de Mahón lleva el nombre de Hannover.

Ratificamos el compromiso – compartido con el IME – de reeditar los hoy agotados tres libros de Lindemann  y mantener vivos los puentes culturales que hemos intentado tender. Una sala histórica del Hospital de la Isla del Rey llevará este nombre y recogerá lo que representó su presencia entre nosotros, presencia de algo más de siete años, que no fue gratuita: 112 de los expedicionarios permanecen para siempre entre nosotros .

Amics de s`Illa de l´Hospital

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