Colección de aparatos y utensilios médicos en el antiguo Hospital de la Isla del Rey

 

1.- EL APARATO DE KNAPPE, PARA APLICAR DIATERMIA

La ventaja de acceder   a una colección de aparatos históricos  es la de estimular la curiosidad para el conocimiento de sus aplicaciones, indicaciones, utilidad, procedimientos y  profundizar en sus teorías básicas, en su “como funciona y como actúa.”

Pero si además accedes a encontrar los  libros contemporáneos de instrucciones, casuística y experiencias y encima escrito por el  mismo ingeniero, diseñador y  constructor del aparato, el placer puede ser parecido al de descubrir un tumba egipcia intacta. Bueno, no tanto, porque entre los egipcios, entre sus médicos,  no les funcionaba la electricidad.

Pues bien. Esto nos pasa con el aparato del  ingeniero Carlos Knappe.

 

Se trata de un aparato generador de corrientes para obtener los entonces maravillosos efectos, a través del fenómeno producido por esas corrientes que recibe el nombre de Diatermia. O sea “empleo de corrientes eléctricas especiales para elevar la temperatura en partes profundas del cuerpo humano, con fines terapéuticos” RAE

Para conseguir el efecto beneficioso del calo, se ha de generar éste por el calentamiento que en los tejidos profundos producen las corrientes eléctricas debidamente domesticadas y reguladas, en su intensidad, voltaje y sobretodo – y este fue el secreto–, la alta frecuencia de la oscilación en el circuito.- Una frecuencia muy alta cuyo paternidad en sus aplicaciones médicas se asigna a d’Arsonval, físico francés que perfeccionó sus circuitos al observar (estamos en 1888) que con 3000 excitaciones por segundo, obtenidas mecánicamente, disminuía la excitabilidad muscular. Por esto buscaba aumentar esa frecuencia y aunque ya existía una cosa denominada la rueda acústica de Sieur, que alcanzaba las ¡10.000! oscilaciones! por segundo,  no llegaba a hacer desaparecer la excitación muscular. Fue Tesla, ya entones en situado en Norte América quien con su “circuito oscilador” por descarga de un condensador constantemente recargado por una bobina, llegaba a conseguir por esa autoinducción, corrientes de hasta 60.000 voltios, en esas “corrientes alternativas” con 500.000 a 1.000.000 de oscilaciones por segundo.

D’Arsonval tomó el aparato y estudió sus efectos modificando lo que hacía falta, entre otras cosas por la peligrosidad  de algunas descargas. Lo captan ¿no?, y lo primero que hizo fue colocar al enfermo fuera del circuito directo del transformador… Y a ese circuito, algo más complicado que el inventado por Tesla empezaron a llamarle circuito de d’Arsonval

 

Naturalmente no me voy a extender en describir lo que fue una evolución bastante revolucionaria para los medios terapéuticos de entonces. La literatura de aplicaciones e inventos para tratar con esa misteriosa cosa que es la electricidad, ya un poco domesticada, prometía un horizonte inagotable. Todo era cosa de probar, probar… y aplicar.

Y aquí ya pasamos los Pirineos, y nos situamos ya en fase de uso clínico en explosiva difusión y dados sus resultados, (buenos, porque no había otra cosa, diríamos hoy) preconizados y aconsejados,  y dio lugar a profusión de  modelos y aparatos para conseguir esos buenos resultados, cuyo efecto, en lo que hoy no ocupa, eran los de calentamiento. ¿Y que había que calentar?: pues lo que estaba enfermo. Y entonces,  enfermedad las más de las veces era sinónimo de infección.

Por tanto ya tenemos el principio y la idea. Falta la aplicación. Y aquí tenemos al ingeniero, de sonoro apellido  teutónico,  el señor Knappe madrileño, que construye su circuito con los condensadores, transformadores, ebonitas y sobretodo estalladores, para que, se pueda “ver” la luz-chispa originada en este circuito de Alta Frecuencia, y hacer que esa corriente pase sin dañar a través de los órganos cuyo beneficioso efecto se buscaba. Y con la experiencia obtenida en los ensayos  se extienden las indicaciones desde los dolores crónicos a las infecciones, en una época en la que todavía no se habían inventado ni las sulfamidas ni descubiertos los antibióticos.

Para algunas de estas infecciones, las gonocócicas, muy transmitidas y transmisibles solo quedaban las defensas naturales y algunos  lavados repetidos de permanganato, y poco mas, aparte de la nueva moda de empezar a respirar vapor de agua, pues no en vano con Pasteur y sus gérmenes,  también habían aparecido los autoclaves a vapor. Y si el vapor mataba los gérmenes de un cultivo, tal vez respirándolo….a pequeñas dosis ( ya hablaremos de esto, puesto que pensando de forma similar,  los hijos y familiares “enchufados”, eran llevados a respirar cerca del carbón de coque en la fábrica de Gas).También tenemos de ejemplar de este aparato, para efluvios e inhalaciones de vapor de agua.

Por tanto ya tenemos a nuestro amigo el ingeniero Knappe, en Madrid, diseñando y construyendo su muy eficaz generador de Diatermia. Lo tenemos: está perfecto, construido con buenos materiales sin corrosión y aunque se le ve de pasada, estoy seguro de que se convertirá en futuro icono para los selfies en su próxima visita.   Se trata de un aparato para generar esas corrientes de muy alta frecuencia. Recuerden que si tienen un decodificador para captar señas de TV vía satélite, tienen también un generador de muy alta frecuencia: Gigaherzios les llamamos ahora.

Y hete aquí una foto del como beneficiarse lo mejor posible con el “baño de cuatro celdas de Schnéé” con las cuatro vasijas de porcelana, con agua salada y unas placas de carbón conectadas a los cables del aparato de diatermia. ¿Para qué se usaba? Para casi todo, pero sobretodo se inventó para infecciones.  Por gérmenes que con cincuenta y cuatro o cincuenta y seis  ya  se curaban.

Por tanto hay que colocar los electrodos del aparato de forma, que donde haya infección, sea próstata, vesículas o trompas uterinas, la corriente de lata frecuencia debía conseguir que esas partes profundas alcanzaran esas temperaturas Y  conseguir esto “por dentro”, necesitaba una maestría, no fuera cosa que apareciera el efecto Kelvin

. Y es que si los electrodos de plomo están cercanos el uno al otro en lo que a piel se refiere, las corrientes en lugar de atravesar todo el grueso del cuerpo, del tronco o de la pelvis calentándolos a su paso,-que para eso se aplica todo el tinglado- toman el camino más corto a través de la piel, lo más directamente posible,  sin pasar por las profundidades y la acaban calentándola sin hacerlo con los interiores. Y eso es el efecto Kelvin. Y eso con nuestro Knappe y una exacta colocación de los electrodos,  también fabricados por nuestro ingeniero siguiendo las observaciones de los médicos que los ensayaban, no pasaba y se alcanzaban los deseados cincuenta y pico grados en las profundidades corpóreas,  y así el porcentaje de curaciones era casi total, aunque hubiera que repetir las aplicaciones dos veces al día bastantes semanas: llegan a citar el caso de un joven de 28 años  que necesitó 180 sesiones. Pienso que fueron muchos calentamientos profundos, pero el autor del libro describe sus gonococos, los del joven,  como más malévolos de lo habitual, y como quería contraer matrimonio… Está en el libro. Yo diría hoy que fue “horneado” debidamente”. Pero ¡se curó!

La casuística descrita por uno de los autores, el urólogo dr. Prez-Grande en relación con casos difíciles, el ingeniero Knappe, tuvo que idear, inventar y construir electrodos especiales para conseguir que el efecto diatérmico, o sea conseguir el calor suficiente, alcanzara a sitios recónditos del organismo donde se cronificaban  esas infecciones. Y en el colmo del ingenio, se llega  a intercalar un alternador, para conseguir la aplicación de la teoría de Stein de su aparato de fuegos cruzados, que es como si se aplicaran dos aparatos de Knappe a la vez, pero alternando su corrientes con el efecto de que el paciente no llegue a percibir en el resto de su cuerpo el efecto del calor, gracias a… y no sigo porque la descripción  se complica hasta un grado tal que temo perder el efecto curiosidad.

Y para no perder ese efecto lo interrumpo aquí dejando para otra ocasión, si me dejan, el pasar a describir otras curiosas aplicaciones de esos aparatos que tan celosamente guardamos en el Hospital de la isla del Rey, como lo es por citar una de ellas, el denominado enema eléctrico. Si, si, ríanse, pero es así en libros serios de Medicina, de hace cien años.

 

Avisos: 1.-no se les ocurra imitar nada enchufándose un descodificador de señales de TV por satélite. Yo solo les explico cosas de hace cien años, cuando ni había satélites artificiales ni televisión.  2.- Cuando vengan a la isla, pidan ver el aparato de Knappe, háganse un selfie rápido pues el tiempo es corto y siempre habrá colas.

Miguel Timoner Vidal

Medico

 

One Response to “Colección de aparatos y utensilios médicos en el antiguo Hospital de la Isla del Rey”

  1. manumenorca dice:

    … ¿cuando vengan a la isla?

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