Archive for marzo, 2018

Si las rocas y las piedras hablaran

miércoles, marzo 28th, 2018

 

Si las rocas y las piedras de una pequeña isla tuvieran los cinco sentidos humanos, además del don del entendimiento y la palabra nos contarían un gran abanico cosas de los tiempos pretéritos.

Nos dirían que en esta islita abundaban los conejos, de ahí el nombre de Isla de los Conejos de este diminuto y bello pedazo de tierra. Está situada en el centro de un hermoso, resguardado y codiciado puerto, cuya ribera norte ¬la más antigua¬ está formada por areniscas y pizarras del Carbonífero (Paleozoico). La ribera sur corresponde al Mioceno (Cenozoico). Esta isla pertenece al Mioceno; pero sus materiales están depositados sobre unas bases paleozoicas. Entre estas dos edades geológicas hay un salto de más de trescientos millones de años.

Explicarían que en algunas rocas puede observarse abundancia de fósiles de lo que fueron seres vivos petrificados, por haber permanecido enterrados durante larguísimos períodos de tiempo. Seguro que mencionarían también la subespecie de lagartijas Polarcis lilfordi baleárica, endémicas de esta Isla.

Las rocas de la orilla del mar de esta pequeña isla nos expondrían que vieron pasar en el siglo III (a. C.) una embarcación con un cartaginés importante llamado Magón, el cual además de reclutar a los mejores honderos del mundo para luchar como mercenarios de su hermano Aníbal en la segunda guerra púnica, fundó la población de Magón, actual Mahón.

La basílica paleocristiana fue construida a caballo entre los siglos V y VI. Las piedras de este templo y piedrecitas del mosaico, nos relatarían muchas cosas sobre su construcción, pila bautismal, enterramientos antropomorfos, y cultos religiosos; así como, cuando y porqué fue desocupada y abandonada. En el siglo XIX fue descubierta por un payés y en  los años sesenta del siglo veinte fue excavada y estudiada por la ilustre mahonesa María Luisa Serra.

Las rocas y piedras nos hablarían del desembarco del día 5 de enero de 1287 del rey Alfonso III de Aragón con intención de conquistar Menorca. A partir de entonces dejó de ser la Isla de los Conejos para denominarse la Isla del Rey.

Las piedras y sillares utilizados para construir unos barracones antes de la llegada de los ingleses nos relatarían que éstos los usaron como hospital. Que el almirante Jennings patrocinó la construcción en 1711 de un nuevo hospital que muy pronto amenazó ruina y se construyó otro de mejor calidad y estética.

Los sillares areniscos de las paredes del hospital relatarían que pasaron por allí británicos, franceses, españoles, norteamericanos, italianos del acorazado Roma y los accidentados en la Batería de Llucalari en unos ejercicios de tiro de Artillería. De estos artilleros trasladados al hospital, murieron 23 y ocho sobrevivieron pero algunos con graves secuelas.

Las vetustas piedras del Hospital nos recordarían que el año 1964 dejó de funcionar al inaugurarse en Mahón uno nuevo denominado Cuesta Monereo. Durante cuarenta años de abandono, el viejo Hospital Militar, convertido en una jungla de maleza y edificios ruinosos debido al paso del tiempo y al paso de depredadores humanos.

En septiembre de 2004 el General Alejandre con un grupo iniciaron la recuperación. (Las grandes caminatas empiezan por el primer paso). Cuando los dos edificios mayores estén restaurados y positivamente utilizados, se podrá continuar esta narración. Hay mucho andado, lo que queda… ¡TODO SE ANDARÁ!

 

Marcos Seguí Pons

Ser voluntario de la Isla del Rey

sábado, marzo 10th, 2018

 

Nací en otra isla, en Las Palmas de Gran Canaria, y pronto cumpliré los 58 años. Acostumbrado a viajar desde pequeño, como todo hijo y nieto de militar, sigo transitando por tierra, cielo y mar. El Ejército me brindó la oportunidad de participar en importantes operaciones de ayuda humanitaria: en Nicaragua y Honduras, tras el huracán Mitch de 1998; en Mozambique, tras las inundaciones del 2000; en Indonesia, asolada por el Tsunami en 2005; en Líbano, como boina azul de Naciones Unidas, en 2007. Estas experiencias inolvidables me reafirmaron en la importancia de que, para reconstruir, hay que “aportar tu granito de arena y arrimar el hombro, allá donde fueres”.

Desembarqué en Menorca un mes de octubre del 2013. He recorrido cada tramo del “Camí de Cavalls” y he podido comprobar que Menorca no sólo enamora en el bullicio del verano. También en el sibilante invierno. Recién llegado, acepté la invitación de mis compañeros de voluntariado, para participar en este gran proyecto. Al principio pensé: “nada perderé por echar un rato los domingos en la Isla del Rey”. Desde entonces no he dejado de acudir, salvo los viajes a casa. Durante estos casi cinco años he podido comprobar cómo esta legión de activistas no paran quietos: se sienten con ganas de cambiar el mundo empezando por su pequeño mundo: esta pequeña isla en el Puerto de Mahón.

Ser voluntario, además de ser una forma solidaria y desinteresada de cooperar con tu comunidad, es, sobretodo, una actitud ante la vida. Se trata de dedicar tu tiempo y poner tu capacidad al servicio de los demás. Desde el primer momento reconoces el esfuerzo que todos ofrecen para dejar un legado del que se pueda sentir orgulloso el siguiente relevo: nuestros jóvenes.

Me enorgullece ver a los hijos ayudando a sus padres y a los padres hablar con orgullo del rastro de sus abuelos en la Isla. A jóvenes compartiendo momentos con los jóvenes de espíritu. A españoles cooperando en solidaria reciprocidad con ingleses, franceses, italianos, etc… Todos trabajan sintiéndose igual de valiosos. Esta es la verdadera crónica: el voluntariado como aderezo del entendimiento generacional y también cultural.

Esto es lo que me aporta ser voluntario: una gran satisfacción, me reconcilia con la tierra y sus gentes. Ves renacer las cosas. Cada piedra colocada resucita una historia, cada habitación guarda una huella de los que allí estuvieron, a modo de homenaje. ¡Es verdad! Nada se pierde ni se olvida, todo lo que se reconstruye con las propias manos aviva nuestro aprecio y admiración.

Aprovecho esta tribuna para despedirme. Vuelvo a casa, no sin antes agradecer la oportunidad de haber disfrutado de tan singular e inolvidable rincón del Mediterráneo. Este esfuerzo durante tantos años merece el apoyo de todos. ¡Seguid arrimando el hombro!

José Miguel Barriocanal León

Comandante de Artillería