Un Británico en la Isla del Rey

 

 

Habiendo vivido en Menorca desde, ya ni me recuerdo – tal vez 1971 – pase mis primeros años aquí  como cualquier joven pasándoselo bien. Si recuerdo de haber ido al Isla del Rey: entonces estaba muy abandonada y lo único que recuerdo fueron las cisternas en el centro.

Y pasando los años, oí que había voluntarios quienes iban allí a trabajar los fines de semana. Me preguntaba a mí mismo ¿cómo puedo tomar parte?  Entonces me pidieron si podría ir a reparar el órgano eléctrico en la Capilla Anglicana. Bueno fui, en una barca de goma hinchable, con mis herramientas. El ver este edificio abandonado y la Capilla restaurada me impacto mucho. La reparación del órgano fue fácil y mi amigo Nick, el organista, estaba muy contento.

Encontré a Mike Martin y el General, a quien le gustaba la música rock que Nick estaba tocando aunque dijo que no era lo más adecuado para una mañana del domingo. No había corriente eléctrica pero yo llevaba un transformador portátil que suministraba electricidad.

Estaba asombrado por este lugar; un otro mundo. Me pidieron si podría echar una mano. Siendo fontanero, ayude instalar agua corriente a los servicios y un sistema de riego. Iba entre semana para ponerlo todo en marcha, trabajando con mi amigo Nick. Era muy divertido trabajar; parar a tomar una cerveza y hablar con Xiscu y Toni Barber, luego volver – en el hinchable – a la tierra firme y la realidad.

Las cosas fueron mejorando, otro órgano; otro organista quien tuvo pequeños problemas.

Vinieron más gente, a quienes llegue a conocer, preguntando que podrían hacer. Limpiamos el huerto y allí instale servicios nuevos, al estilo antiguo. Toni Barber instaló un sistema de riego para los naranjos, los limoneros y los nísperos. Marga emplea la fruta para cocinar y al otro lado del edificio hay una higuera, de la cual ella también aprovecha los higos.

Y sigue el viaje; vi las dependencias antiguas de las monjas y una bonita capilla restaurada. Quería involucrarme en la restauración de estas dependencias, así que me mandaron ayudar con restaurar la zona de baño de las monjas.

Todos los que vienen, vienen a cavar, excavar o solamente hecha una mano.

Hay un cierto encanto. Las mañanas del domingo son como una droga. Es que todos quieren ser parte de la historia y dejar su sello en la restauración.

Si uno estuviera enfermo, como aquellos años atrás,  le mandaran  a la Isla, seguro que iba a recuperarse. El aire es distinto; hay una tranquilidad; es un mundo diferente, casi hipnótico.

Ir el domingo a la mañana es un viaje a un pasado que quieres volver a vivir. Cuando suena el claxon, a las 10.30., se acaba tu fantasía y disfrutas del desayuno creado por Marga y sus ayudantas.

He llegado estar tan fascinado con la historia que estoy investigando la ocupación Británica de Menorca durante el siglo XVIII; cosa que no hubiese hecho de joven. La Historia es algo que nos enseñan en el colegio a lo cual, quizás volvemos con más interés años más tarde. La Isla está impregnada con historia náutica y médica. Mientras escavaba uno de los sótanos encontré unas pintadas antiguas: Pierre Diard, con la fecha. Así que le busque por Internet y resulto ser un naturalista y explorador francés del siglo XVIII. Empecé una búsqueda para todo tipo gente y cosas. Por ejemplo, el relato de tres monjas de Santa Clara en Ciudadela y unos oficiales Ingleses. Mi esposa y yo produjimos un panfleto con la historia, lo cual se puede comprar en la tienda.

La visita de Almirante Nelson en 1799 es otra historia que he perseguido, hasta tal punto que estoy construyendo una maqueta del HMS Foudroyant, su navío por aquel entonces, y recopilando un libro sobre el mismo. Me he hecho socio de la Sociedad Nelson y he adquirido un par de recuerdos hechos del cobre del casco de dicho buque. También soy socio del Club 1805, quienes han llegado a ser un gran apoyo a los trabajos en el Hospital Naval del Isla del Rey y han hecho unos donativos gracias al esfuerzo de Lorraine Ure. Estas sociedades ayudan mantener nuestra herencia Británica en la Isla y a cumplir el objetivo de General Luis Alejandre de restaurar el Hospital a su antigua gloria. Nunca volverá a ser un hospital funcional, pero si un muestrario de la vida en Menorca en otros tiempos.

Que llueva o brille el sol vamos todos los domingos al trabajo, totalmente voluntario, gente de distintas nacionalidades, a charlar, a discutir proyectos actuales y venideros y hablar con amigos cuando hace tiempo que no se ven.

Recuerdo bien la visita de Su Majestad la Reina, Doña Sofía. Todos trabajamos duro para preparar a los jardines y el entorno, para que quedase bien. Doña Sofía llego en helicóptero, ¡Qué emoción! ¡Una dama maravillosa! ¡Y nos apretó la mano a los voluntarios! ¡Qué momento de orgullo!

He conocido una serie estupenda de gentes de toda clase pero uno de mis más cariñosos recuerdos es de haber sido presentado a un hombre, descendiente de un marino quien estuvo en la batalla de Trafalgar abordo de HMS Victory, navío de Almirante Nelson, donde perdió una pierna. Hace años también trabajé en un apartamento en Cala Figuera, propiedad de una señora descendiente directa de la hija de Almirante Nelson, Horatia. Solamente me enteré de esto hace poco pues ella, ahora, es la Presidenta de la Sociedad Nelson.

Me gusta pensar que los voluntarios de Isla del Rey seguimos en un viaje de descubrimiento del pasado, para que próximas generaciones pueden disfrutar de lo que hemos hecho y de lo que hemos descubierto.

 

David Nuttal

Fontanero jubilado

 

One Response to “Un Británico en la Isla del Rey”

  1. manumenorca dice:

    … todo muy interesante, certifica que estáis haciendo una muy buena obra todos, actuando como una comuna de hippies pero con unos resultados visibles sorprendentes… ahora bien, lo más interesante de este escrito ha sido constatar la confirmación de que el señor Alejandre es un poco un fanata religioso, quejándose de la música rock en un domingo por la mañana, vamos hombre, ridículo cuando menos, por muy capilla anglicana que sea, no está consagrada ni lo será, cuando menos la bromita ha servido para entender el motivo de tanto empeño en restaurar también toda la imaginería confesional de esa minúscula islita en el centro del puerto de Maó…

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