Archive for octubre, 2017

De farmacias y farmacéuticos

jueves, octubre 19th, 2017

 

Es bien sabido que el Colegio de Farmacéuticos forma parte importante de la vida del proyecto de recuperación del Hospital de la Isla del Rey que arrancó en un lejano 1711. No se concebiría el Hospital sin lo que representaron  los medicamentos, las fórmulas magistrales o los ungüentos y las personas que los administraban.

Por casualidades de la vida este martes 17 de Octubre comenzó con una reunión en el Consell Insular de Menorca para coordinar el retorno de determinados elementos de la antigua Farmacia Llabrés de Ciutadella que volverán la semana próxima a su origen. Procedían  de la donación que en 2007 hizo  Juan Ignacio Balada y que se encontraban en la Isla del Rey. Presidió un claro sentido de apoyo, de conjunción de esfuerzos. Todos comprendemos que la recuperación de la Farmacia Llabrés  representa un entrañable nuevo elemento  para nuestra vida cultural.

 

Dos horas después llegaba procedente de Mallorca un furgón con nuevo material para la farmacia de la Isla. Buenas relaciones entre las farmacéuticas Gracia Seguí y Neus Bonet aconsejaron depositar materiales de una farmacia de Sineu de 1899 en el Museo de  Farmacia  del Hospital de la Isla del Rey. Indiscutible gesto de confianza. El valioso contenido procede de cuatro generaciones de farmacéuticos, el primero de  ellos Gabriel Llull Alonso de la que nos ha llegado su orla de graduación fechada en 1898. Este vendió la farmacia a un menorquín Pedro Pons Benejam en 1947, que la traspasó a su hijo Jesús Pons Alonso y este a su vez a su esposa María Antonia  Sanz titular de la farmacia hasta 1988 en que nuevamente la traspasó a Neus Bonet.

Al valor que damos a  estos materiales, se une el verdadero carácter altruista de la donante. Su propio hijo Juan con un furgón prestado, llegó a Menorca en barco vía Ciutadella costeándose los gastos de desplazamiento. ¡Puro espíritu de voluntariado!

En su momento -calculamos dos meses- la donación se podrá exponer. Será un testimonio más de que gentes de Mallorca y Menorca se respetan y se valoran; de que los miembros de una profesión tan necesaria como la Farmacia, conservan entre ellos valores no solo científicos sino culturales y humanos.

Luis Alejandre Sintes

General (R)

 

Un Británico en la Isla del Rey

lunes, octubre 9th, 2017

 

 

Habiendo vivido en Menorca desde, ya ni me recuerdo – tal vez 1971 – pase mis primeros años aquí  como cualquier joven pasándoselo bien. Si recuerdo de haber ido al Isla del Rey: entonces estaba muy abandonada y lo único que recuerdo fueron las cisternas en el centro.

Y pasando los años, oí que había voluntarios quienes iban allí a trabajar los fines de semana. Me preguntaba a mí mismo ¿cómo puedo tomar parte?  Entonces me pidieron si podría ir a reparar el órgano eléctrico en la Capilla Anglicana. Bueno fui, en una barca de goma hinchable, con mis herramientas. El ver este edificio abandonado y la Capilla restaurada me impacto mucho. La reparación del órgano fue fácil y mi amigo Nick, el organista, estaba muy contento.

Encontré a Mike Martin y el General, a quien le gustaba la música rock que Nick estaba tocando aunque dijo que no era lo más adecuado para una mañana del domingo. No había corriente eléctrica pero yo llevaba un transformador portátil que suministraba electricidad.

Estaba asombrado por este lugar; un otro mundo. Me pidieron si podría echar una mano. Siendo fontanero, ayude instalar agua corriente a los servicios y un sistema de riego. Iba entre semana para ponerlo todo en marcha, trabajando con mi amigo Nick. Era muy divertido trabajar; parar a tomar una cerveza y hablar con Xiscu y Toni Barber, luego volver – en el hinchable – a la tierra firme y la realidad.

Las cosas fueron mejorando, otro órgano; otro organista quien tuvo pequeños problemas.

Vinieron más gente, a quienes llegue a conocer, preguntando que podrían hacer. Limpiamos el huerto y allí instale servicios nuevos, al estilo antiguo. Toni Barber instaló un sistema de riego para los naranjos, los limoneros y los nísperos. Marga emplea la fruta para cocinar y al otro lado del edificio hay una higuera, de la cual ella también aprovecha los higos.

Y sigue el viaje; vi las dependencias antiguas de las monjas y una bonita capilla restaurada. Quería involucrarme en la restauración de estas dependencias, así que me mandaron ayudar con restaurar la zona de baño de las monjas.

Todos los que vienen, vienen a cavar, excavar o solamente hecha una mano.

Hay un cierto encanto. Las mañanas del domingo son como una droga. Es que todos quieren ser parte de la historia y dejar su sello en la restauración.

Si uno estuviera enfermo, como aquellos años atrás,  le mandaran  a la Isla, seguro que iba a recuperarse. El aire es distinto; hay una tranquilidad; es un mundo diferente, casi hipnótico.

Ir el domingo a la mañana es un viaje a un pasado que quieres volver a vivir. Cuando suena el claxon, a las 10.30., se acaba tu fantasía y disfrutas del desayuno creado por Marga y sus ayudantas.

He llegado estar tan fascinado con la historia que estoy investigando la ocupación Británica de Menorca durante el siglo XVIII; cosa que no hubiese hecho de joven. La Historia es algo que nos enseñan en el colegio a lo cual, quizás volvemos con más interés años más tarde. La Isla está impregnada con historia náutica y médica. Mientras escavaba uno de los sótanos encontré unas pintadas antiguas: Pierre Diard, con la fecha. Así que le busque por Internet y resulto ser un naturalista y explorador francés del siglo XVIII. Empecé una búsqueda para todo tipo gente y cosas. Por ejemplo, el relato de tres monjas de Santa Clara en Ciudadela y unos oficiales Ingleses. Mi esposa y yo produjimos un panfleto con la historia, lo cual se puede comprar en la tienda.

La visita de Almirante Nelson en 1799 es otra historia que he perseguido, hasta tal punto que estoy construyendo una maqueta del HMS Foudroyant, su navío por aquel entonces, y recopilando un libro sobre el mismo. Me he hecho socio de la Sociedad Nelson y he adquirido un par de recuerdos hechos del cobre del casco de dicho buque. También soy socio del Club 1805, quienes han llegado a ser un gran apoyo a los trabajos en el Hospital Naval del Isla del Rey y han hecho unos donativos gracias al esfuerzo de Lorraine Ure. Estas sociedades ayudan mantener nuestra herencia Británica en la Isla y a cumplir el objetivo de General Luis Alejandre de restaurar el Hospital a su antigua gloria. Nunca volverá a ser un hospital funcional, pero si un muestrario de la vida en Menorca en otros tiempos.

Que llueva o brille el sol vamos todos los domingos al trabajo, totalmente voluntario, gente de distintas nacionalidades, a charlar, a discutir proyectos actuales y venideros y hablar con amigos cuando hace tiempo que no se ven.

Recuerdo bien la visita de Su Majestad la Reina, Doña Sofía. Todos trabajamos duro para preparar a los jardines y el entorno, para que quedase bien. Doña Sofía llego en helicóptero, ¡Qué emoción! ¡Una dama maravillosa! ¡Y nos apretó la mano a los voluntarios! ¡Qué momento de orgullo!

He conocido una serie estupenda de gentes de toda clase pero uno de mis más cariñosos recuerdos es de haber sido presentado a un hombre, descendiente de un marino quien estuvo en la batalla de Trafalgar abordo de HMS Victory, navío de Almirante Nelson, donde perdió una pierna. Hace años también trabajé en un apartamento en Cala Figuera, propiedad de una señora descendiente directa de la hija de Almirante Nelson, Horatia. Solamente me enteré de esto hace poco pues ella, ahora, es la Presidenta de la Sociedad Nelson.

Me gusta pensar que los voluntarios de Isla del Rey seguimos en un viaje de descubrimiento del pasado, para que próximas generaciones pueden disfrutar de lo que hemos hecho y de lo que hemos descubierto.

 

David Nuttal

Fontanero jubilado

 

Mi Isla del Rey

viernes, octubre 6th, 2017

 

 

Desde mi terraza en el Puerto de Mahón, en Es Castell, frente a la Isla del Rey veo todos los días el amanecer con la ilusión de que este nuevo día me traiga algo maravilloso.

Y, amanece que no es poco.

 

 

Veo el impresionante edificio del Hospital en el islote que recoge la historia de mil batallas acontecidas aquí y fuera de estas tierras siempre náuticas.

Siento su presencia callada pero contundente, con la voz de mil marinos, mil soldados mil, campesinos y mil cristianos.

 

Menorca entra en la historia en el siglo 13 pero ya mucho antes era visitada por navegantes del Mediterráneo y de todos ellos queda algo en el islote del La Isla del Rey. ¿Desde cuando? Desde el principio de los tiempos porque no hay nada más acogedor ni más protector que una isla dentro de otra isla. Las dimensiones de la basílica paleocristiana nos dan una idea de la importancia del islote y la comunidad que la frecuentaba, en el siglo VI.

 

Que maravilla poder recorrer este espacio de historia conocida e imaginada, como voluntario en este reducto de humanidad, aventura, dolor y alegría de los tiempos. Poder formar parte de cada momento vivido por los que aquí estuvieron.

 

 

Yo soy un voluntario atípico, porque me gusta trabajar solo, para poder moverme por la isla y encontrarme con pequeños detalles, referencias que hacen volar mi imaginación y conectar con los que allí estuvieron y con sus miles de historias.

Hay una antigua carbonera en la casa de los médicos que aún está por reconstruir, donde una inscripción grabada en la pared, nos habla de que allí estuvo retenido un marinero llamado Pierre Diard en el año 1836 y que era natural de Nantes nacido en 1811, tenía 25 años. ¿Que locura de juventud cometería aquel pobre marinero para estar encerrado en esa lúgubre carbonera?, Seguramente se enfrentó con un superior al que disputaba los favores de una joven cantinera.

O simplemente enfermo o herido en este hospital un día cogió prestada una botella de vino de la despensa del director para tener un rato de alegría con algún compañero de habitación herido como él en alguna cruel batalla en la mar.

 

Que suerte para un peliculero como yo poder colaborar en la recuperación de este fantástico, imaginativo y real, enclave. Sentir personajes e historias, desde Abu Omar a Richard Kane, Historias de Nura o Melousa. Encontrarte con escritos de John Amstrong o Patrick O`Braian hablando de la Menorca inglesa del siglo 18. Jose Maria Quintana y su paseo por Mahón. Y con todos ellos te tropiezas rodando por este islote.

 

Yo recorro la costa de la isla, digo que buscando plásticos y limpiando embarcaderos y playas que ya no existen, pero la verdad es que lo que busco son historias, imágenes que me estimulen hazañas, amores y dolores. Historias vividas que murieron hace muchos años pero que impregnan cada roca, y cada rincón de este islote, como él en alguna cruel batalla en la mar.

Actualmente me dedico con un equipo de ingleses y un francés a cuidar y recuperar el entorno del muelle de las monjas, recientemente reconstruido. Las buenas mujeres obligadas por crueles doctores a bañarse en agua del mar para sanar aquellos problemitas de piel que nunca veía el Sol. Una caseta de piedra, dos bañeras para los enfermos que no podían caminar, una especie de piscina y un muelle. Que antes acompañaban a una playa que hoy ya no existe por causa de la crecida del mar y de las olas que producen los ferris al pasar por aquel angosto canal del Puerto de Mahon

 

Que privilegio formar parte de este maravilloso “equipo de locos”, como dice el jefe Luis. Que domingo tras domingo con pocos medios pero mucha ilusión, van recuperando un trozo de historia viva de la cuna de la cultura occidental, que es el Mediterráneo y Menorca que por su situación estratégica entre Europa y África y dentro de Menorca este reducto de encuentro de culturas que es la llamada  Isla del Rey.

 

Miguel Angel Dorronsoro

 

Controlador aéreo jubilado