Archive for Junio, 2016

Las palomas de la Isla del Rey

Miércoles, Junio 22nd, 2016

 

Cincuenta y dos años dueñas y señoras del islote. Todas las salas, 20, del hospital en el piso superior, y los edificios aledaños estaban llenas de estas aves, con sus nidos y excrementos, y siempre con el fondo de su ronroneo.

Confieso que me eran simpáticas. Toda mi vida veía en ellas el símbolo de la paz, los versos de Alberti y los miles y miles de mensajes que incansables, en mi niñez, leía que transportaban allende los mares, como mensajeras puntuales.

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Ahora, después de luchar contra ellas durante 4 años, se me antojan “ratas voladoras”. Sí, es imposible describir lo difícil que resulta des deprenderse de las mismas “en son de paz”, sin emplear halcones, trampas o sustancias venenosas. Solo impidiéndolas el paso, gritándolas para que se asustaran y volaran al exterior. Todo empezó un día aciago para mí, en que después de haber colaborado junto a mis compañeros voluntarios en otros menesteres para mantener y recuperar esta joya de nuestro maravilloso puerto, Luis – el general – me dijo: <<Juan, mira el desastre que originan las palomas. Encárgate de cerrar puertas y ventanas para que no entren más>>…Puertas y ventanas… ¡No había ninguna! Como es lógico busqué compañía y la encontré en Mohamed, un marroquí tan buena persona como trabajador incansable. Ninguno de los dos somos carpinteros, pero con ilusión, tesón y valiéndonos de mucha imaginación, fuimos construyendo una especie de puertas caseras con más voluntad que oficio. Para las ventanas se nos ocurrió poner unas mallas para que dejasen entrar la luz, reforzando con unos listones que las aseguraban contra la pared. Además de Mohamed me han ido ayudando muchos compañeros: Vizcaíno, Antonio, Pedro, Ismael, Conrado, el mismo Luis,… Hasta que se incorporó Argimiro ¡carpintero de verdad! Y el artífice de que todas las puertas tengan sus bisagras como Dios manda. Lo más difícil era desalojarlas de las vigas. Ahí se metían y como no las veías en cuanto hacías que te marchabas salían volando y dando vueltas hasta que encontraban por donde escapar.

Hoy por fin puedo asegura que las 20 salas del primer piso están limpias, cerradas y sin “mensajeras” que ensucien. ¡Que de carretillas de excrementos! (Por cierto excelente como abono). Cuantas horas barriendo, clavando, buscando madera que nos sirviera. Incluso el olor de los excrementos daba dolor de cabeza y mareo…. Ha sido como una pesadilla.

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Supongo que ahora me merezco volver a mi último destino: “sargento de cola” del guía oficial Sema… aunque solo lo aceptaré si vuelvo como “teniente de cola”.

¡Qué menos después del destierro de 4 años!

Todo sea por la Isla del Rey

Juan Cubas Cremades

 

El voluntario errante

Miércoles, Junio 8th, 2016

 

Os parecerá una extraña forma de empezar un artículo sobre los voluntarios de la Isla del Rey, pero creo que dentro del heterogéneo grupo que formamos los voluntarios de la Fundación, algunos, en este caso, mi mujer y yo mismo, podríamos entrar en esta extraña categoría.

Con muchos años de residencia en el extranjero y en diferentes regiones españolas, nuestra familia siempre nos hemos considerado como una familia de expatriados, algo  errantes por esos mundos de Dios. Sin embargo, el hecho de ser expatriados no nos ha impedido nunca tener raíces tanto en Barcelona de dónde venimos pero también crear, con nuestros hijos y nietos, un lugar común en el que nos reunimos siempre, año tras año que es Menorca.

Nuestra larga historia en común con la isla de Menorca, arrancó allá por los años 70, cuando un familiar nuestro e ilustre voluntario, Pedro Engel, apasionado de la arqueología y de las bellezas de la isla, nos la hizo descubrir. Desde entonces, con un par excepciones, debido algún acontecimiento familiar muy señalado, nunca hemos faltado a nuestra cita veraniega, pascual e incluso invernal con nuestra isla.

Alfredo y Mari Paz

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Fue en 2005 cuando los errantes descubrimos la Isla del Rey y modestamente, pocos domingos al año, empezamos a colaborar con ese equipo de locos simpáticos, con Luis a la cabeza que querían realizar el sueño casi imposible de rehabilitar el antiguo hospital militar y su entorno.

Los recuerdos aquellos primeros domingos saliendo de Binibeca a las 7:30 de la mañana, en silencio, cuando toda la familia dormía después de la fiesta del sábado, especialmente los chicos, para ir a limpiar maleza a la isla, sigue muy presente en nuestra memoria, sobre todo ahora que las cosas lucen muy diferentes. Todos funcionábamos como un pequeño ejército de hormigas, eso sí muy disciplinadas y a menudo criticadas. Que sudadas nos pegábamos intentando llegar al edificio principal…!

Regresando a la isla, año tras año y repasando las fotos, uno se da cuenta de lo mucho que se ha hecho y del progreso increíble que ese pequeño ejército había hecho durante el todo el año, en silencio, pero muy eficazmente.

Trabajamos y vivimos al borde de un gran lago, el lago Leman en Suiza. Es un lugar maravilloso, limpio y organizado. Cada mañana, ya por reflejo, lo miro, parece un pequeño mar, pero siento que me falta algo, una pequeña isla, la que veo cada año por pocas semanas: Mi isla dentro de una isla, la Isla del Rey.

218 alfredo

Suiza es un país en el que las actividades de voluntariado son muy comunes y rara es la persona de nuestro entorno que no dedica unas horas al mes, a colaborar desinteresadamente con alguna organización. La gente se implica con mucha facilidad en actividades como limpiar los lagos y los ríos, distribuir comidas a domicilio, acompañar a los mayores, etc.

Hablamos muy a menudo de lo que hacemos en la Isla del Rey con mis conciudadanos suizos y cuando nos visitan en Menorca, los llevamos a visitarla e incluso a trabajar unas horas en ella. Ellos lo aprecian y se preguntan cómo eso es posible con tan pocos medios y como una maravilla de ese calibre ha podido salir adelante gracias a un grupo de ciudadanos convencidos y dedicados. Es un motivo de orgullo y nos sentimos parte de ello.

Para los que vivimos lejos, los famoso voluntarios errantes, el hecho de recibir cada lunes (gracias a Sema y al correo electrónico), puntualmente, lo que familiarmente conocemos por  El Parte , si ya, algunos dirán vaya nombre…que nos explica en pocas palabras, las actividades, las visitas, los acontecimientos en la vida de algunos de los voluntarios, los planes y como no, las necesidades más perentorias, es como  un cordón umbilical que nos une a ese grupo de amigos y conocidos, personas de muy diferentes orígenes unidos por la creencia de que se puede hacer mucho con poco, si tienes un objetivo y la fuerza que da el grupo.

Nuestro tiempo de voluntarios errantes se acaba, motivo de alegría, la jubilación se acerca poco a poco, motivo de preocupación también ya que habrá que adaptarse, como todos, pero que si hay una cosa que nos apetece de esta nueva situación, quizás es que podremos dejar de ser los voluntarios errantes, los trabajadores temporeros, para convertirnos en fijos en plantilla, pudiendo pasar más tiempo en esa actividad que recomendamos a todo el mundo. Esa actividad de hacer cosas por el placer de hacerlas y de paso, dejar algo para que  futuras generaciones puedan seguir mejorándolo.

Maria Paz Ricart Engel

Alfredo Fenollosa Domenech